La carretera que une Cúcuta y Puerto Santander se convirtió en el escenario de un incidente digno de un thriller cinematográfico. Bajo el manto de una oscuridad impenetrable, un guarda de seguridad se vio envuelto en un suceso que lo enfrentó a dos presuntos guerrilleros, culminando en un doble homicidio cuyos cuerpos, en un giro desconcertante, desaparecieron sin dejar rastro.

Era la madrugada del viernes 3 de octubre cuando la rutina de un funcionario de una reconocida empresa de seguridad tomó un giro inesperado. Tras una jornada laboral en el municipio de Puerto Santander, este hombre emprendió el camino de regreso a casa, ajeno a la macabra sorpresa que el destino le tenía preparada en la oscuridad de la vía.

Apenas unos minutos después de iniciar su recorrido, al llegar al solitario sector conocido como Puente Angosto, justo antes del corregimiento de Aguaclara, su vehículo fue abruptamente interceptado. Dos individuos, armados con fusiles y con una actitud amenazante, le ordenaron detenerse y descender del automóvil, sumergiéndolo en una situación de alto riesgo.

En ese instante de máxima tensión, un detalle crucial iluminó la mente del guarda: portaba su arma de dotación, una pistola. Con una decisión que cambió el curso de los acontecimientos, respondió al ataque, desatando un intenso intercambio de disparos. El desenlace fue contundente: él resultó ileso, mientras que los agresores no corrieron con la misma suerte, poniendo fin al asalto de manera dramática.

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