La Escombrera, ese vasto territorio de la comuna 13 de Medellín, vuelve a ser noticia. Esta semana, dos nuevos cuerpos han sido hallados en sus entrañas, recordándonos una vez más las cicatrices que aún sangran en nuestra memoria colectiva. Las investigaciones preliminares apuntan a que podrían tratarse de víctimas de desaparición forzada, un oscuro capítulo de nuestra historia reciente que sigue sin cerrarse. Este hallazgo es un eco del pasado, un grito silenciado que resurge entre los escombros. La comuna 13, testigo de intensos enfrentamientos entre actores armados hace apenas dos décadas, se erige como un símbolo de lucha y dolor. Muchos recordamos cómo las operaciones militares y los constantes choques armados entre fuerzas legales e ilegales desdibujaron los límites entre la justicia y la barbarie. La Escombrera se ha convertido en un cementerio clandestino, un lugar donde se presume que reposan los restos de decenas, quizás cientos, de personas desaparecidas. Los esfuerzos por excavar y recuperar estas historias han sido intermitentes y, en muchos casos, insuficientes. Cada cuerpo hallado no es solo un dato en una estadística, sino una familia que vuelve a respirar el aire denso de la incertidumbre, que abre una herida que tal vez nunca cerró del todo. Este descubrimiento plantea preguntas urgentes. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para honrar la memoria de estas víctimas? ¿Qué le estamos exigiendo a las instituciones responsables para garantizar verdad, justicia y reparación? La Escombrera no puede seguir siendo un lugar olvidado, una montaña que oculta los secretos más oscuros de nuestra historia. Es crucial que no dejemos este tema en la sombra. La aparición de estos cuerpos no puede ser solo una noticia pasajera. Debe ser un llamado a redoblar los esfuerzos para esclarecer los crímenes del pasado y garantizar que nunca se repitan. La comuna 13 merece ser recordada no solo por su resiliencia, sino también como un territorio que reclama justicia y dignidad para quienes lo habitaron y quienes lo perdieron todo.
La memoria es el único terreno donde la impunidad no puede echar raíces.


[…] La herida abierta de La Escombrera […]