La realidad del envejecimiento femenino en la capital colombiana

Llegar a la etapa de la vejez suele percibirse como un periodo de descanso, sin embargo, para gran parte de las mujeres en Bogotá, esta etapa de la vida se traduce en una continuidad de las responsabilidades de cuidado. De acuerdo con los datos más recientes de la Encuesta de Mujeres y Equidad de Género (EMEG), elaborada por el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de la Secretaría Distrital de la Mujer, el 65 % de las mujeres de 60 años o más dedica su tiempo principal a labores de cuidado no remunerado. Esta cifra contrasta drásticamente con el 32 % registrado en hombres de la misma franja etaria, evidenciando una brecha de género que se mantiene activa incluso en la tercera edad.

Este fenómeno no es un evento aislado, sino una estructura persistente que define las trayectorias de vida de las bogotanas. Mientras la sociedad avanza hacia una mayor conciencia sobre la equidad, los datos revelan que la carga de cuidado recae desproporcionadamente sobre los hombros de las mujeres mayores, quienes asumen el rol de cuidadoras principales de otros adultos mayores, nietos o familiares dependientes, a menudo sin recibir una contraprestación económica o reconocimiento social adecuado.

Proyecciones demográficas y retos urbanos

Bogotá se enfrenta a una transición demográfica acelerada que exige una planificación urbana centrada en sus ciudadanos más longevos. Según los análisis del OMEG, para el año 2035 se estima que una de cada cinco mujeres residentes en la capital tendrá 65 años o más. Este cambio en la pirámide poblacional viene acompañado de un aumento en la esperanza de vida, la cual se proyecta en 83,3 años para las mujeres y 78,7 para los hombres. Estas cifras no solo representan un logro en salud pública, sino que plantean desafíos urgentes en términos de protección social y calidad de vida.

La distribución territorial de esta población también ofrece claves importantes para la gestión pública. La mitad de las mujeres mayores de 60 años en Bogotá se concentra principalmente en cuatro localidades clave: Suba, con el 17 %; Kennedy, con el 14 %; Engativá, con el 11 %; y Ciudad Bolívar, con el 8 %. Identificar estas zonas permite que las políticas distritales aterricen de manera más efectiva en los territorios donde la demanda de servicios de cuidado, salud y recreación es más alta, optimizando así los recursos destinados al bienestar de este grupo poblacional.

Desigualdades en el mercado laboral y formación

El panorama laboral para las mujeres mayores de 60 años en la ciudad es particularmente complejo. Apenas dos de cada diez mujeres en este rango de edad participan en empleos remunerados, una cifra que se duplica en el caso de los hombres. Esta disparidad subraya cómo el trabajo no remunerado actúa como una barrera de entrada al mercado laboral formal, limitando la independencia económica de las mujeres durante sus últimos años de vida. La falta de ingresos propios no solo afecta su autonomía, sino que las hace más vulnerables ante situaciones de pobreza extrema o dependencia.

A esta realidad se suma una marcada brecha educativa que condiciona las oportunidades. Las trayectorias formativas son sumamente diversas: mientras un 9,1 % cuenta con educación universitaria, un 3,2 % carece de cualquier nivel educativo y un 34,2 % apenas completó la educación básica primaria. Esta heterogeneidad obliga a que las soluciones institucionales no sean genéricas, sino que reconozcan las distintas capacidades y carencias de cada mujer, brindando oportunidades de alfabetización o educación flexible que les permitan cerrar brechas históricas y desarrollar proyectos personales postergados por las responsabilidades familiares.

El Sistema Distrital de Cuidado como red de apoyo

Ante este escenario de vulnerabilidad, el Sistema Distrital de Cuidado se ha posicionado como un pilar fundamental para mitigar la sobrecarga de las mujeres mayores. Entre noviembre de 2020 y junio de 2026, este sistema ha gestionado cerca de 2 millones de atenciones. Es notable que 1,2 millones de estas intervenciones fueron dirigidas específicamente a mujeres que, además de ser mayores, fungen como cuidadoras de otros, lo que demuestra un esfuerzo institucional por reconocer y aliviar esta doble carga.

Servicios como la Escuela de la Bici, las actividades físicas del IDRD, los centros de desarrollo comunitario y los programas de educación flexible de la Secretaría de Educación han sido vitales. Estos espacios no solo ofrecen recreación, sino que proporcionan el respiro necesario para que las mujeres puedan retomar su propia vida, aprender nuevas habilidades y socializar en entornos seguros, integrándose plenamente en la vida urbana de la ciudad.

Hacia un envejecimiento con derechos y autonomía

La respuesta institucional no puede limitarse a la oferta de servicios recreativos. La Secretaría Distrital de la Mujer trabaja actualmente en la articulación con las secretarías de Salud e Integración Social para detectar y prevenir casos de violencia, abandono y maltrato, los cuales afectan desproporcionadamente a esta población. La creación de redes de cuidado sólidas es esencial para garantizar que ninguna mujer mayor quede desamparada en su etapa de vulnerabilidad.

El objetivo final es transformar la visión que se tiene de la vejez femenina. Ya no se trata solo de verlas como cuidadoras abnegadas, sino como sujetos de derechos con proyectos de vida propios. Reconocer su aporte histórico a la sociedad y brindarles el apoyo necesario para que vivan sus años dorados con dignidad es, sin duda, la tarea más importante que tiene Bogotá en su agenda de equidad de género.

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