Bogotá D.C. — En una jornada que marca un hito en la historia judicial reciente de Colombia, Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Álvaro Uribe Vélez, se entregó este miércoles a las autoridades. La decisión ocurre pocas horas después de que la Corte Suprema de Justicia ratificara la sentencia condenatoria en su contra por su participación en el caso conocido como ‘Los 12 Apóstoles’.
El fallo definitivo La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia tomó la determinación de confirmar la condena, cerrando así un largo proceso jurídico que se ha extendido por décadas. El alto tribunal encontró responsabilidad penal en el procesado, vinculándolo con la conformación y el actuar de grupos paramilitares en el departamento de Antioquia durante la década de los años 90.
El caso, que ha sido objeto de un intenso debate público y jurídico, se centró en las acusaciones sobre la participación de Uribe en actividades del grupo autodenominado ‘Los 12 Apóstoles’, que operaba en la zona de influencia de la hacienda La Carolina, en Yarumal. Según la investigación, el grupo estuvo involucrado en homicidios y actos de violencia selectiva en la región.
Un proceso de larga data La entrega de Santiago Uribe se da cumplimiento a la orden de captura emanada tras la lectura del fallo. Su defensa, que durante años ha sostenido la inocencia del ganadero y ha cuestionado la validez de los testimonios presentados en el proceso, se prepara ahora para analizar las vías legales restantes, aunque la decisión de la Corte Suprema es de única instancia y no admite apelación ordinaria.
La noticia ha generado una amplia repercusión en el panorama político nacional, reactivando las discusiones sobre la responsabilidad de actores privados y familiares de figuras políticas en el conflicto armado interno que vivió el país.
Impacto y expectativas Mientras el país asimila la magnitud de la decisión judicial, sectores de la sociedad civil y víctimas del conflicto han recibido el fallo como un paso hacia la verdad y la justicia. Por otro lado, allegados al expresidente Álvaro Uribe han manifestado su desacuerdo con la sentencia, calificándola como una persecución política.
Con esta entrega, se abre un nuevo capítulo en la historia jurídica de Colombia, donde la justicia ordinaria reafirma su competencia para juzgar hechos ocurridos en el marco de la violencia paramilitar, enviando un mensaje sobre la importancia de la rendición de cuentas en los altos estamentos de la sociedad.

