LA HISTORIA DE LA INDUSTRIA DE COLOMBIA TAMBIEN ES CULTURA.

Cartagena, Bolívar — En cada rincón de Colombia, el color rojo vibrante y el sabor inconfundible de la Kola Román acompañan la mesa de miles de familias. Pero lo que muchos consumidores ignoran al destapar esta histórica gaseosa es que en su efervescencia se esconde un vínculo directo con los años más determinantes de la política colombiana del siglo XIX.

Un elíxir con historia presidencial La Kola Román no solo ostenta el título de ser la gaseosa vigente más antigua de América Latina —superando por más de dos décadas la existencia de la multinacional Coca-Cola—, sino que nació en el seno del poder. Sus creadores, los hermanos Carlos y Henrique Román, compartían un lazo familiar definitivo con la máxima autoridad de la época: eran los hermanos de Soledad Román, la influyente «Doña Sole», segunda esposa del entonces presidente Rafael Núñez.

La historia permite imaginar una estampa cotidiana en la casa de El Cabrero, en Cartagena: mientras el mandatario redactaba los artículos de la Constitución de 1886 o afinaba las estrofas de lo que se convertiría en nuestro Himno Nacional, es muy probable que una botella de Kola Román presidiera la mesa. ¿Acaso ese toque de dulzura era la musa de Núñez? Es un interrogante que, aunque se pierde en la bruma del tiempo, le otorga al producto un aura mística y un sabor a historia patria.

De la élite a la cultura popular A pesar de que el paso de los años y la globalización llevaron a que la marca sea producida hoy por un gigante multinacional, la Kola Román ha logrado algo que pocas bebidas consiguen: mantenerse fiel a su identidad 100 % colombiana. Su presencia en la cultura popular no conoce de estratos ni regiones; es el complemento ideal para los «plátanos en tentación», el invitado especial en los almuerzos domingueros y el compañero perfecto del pan de sal en las tardes de lluvia.

Incluso, la sabiduría popular le ha otorgado propiedades casi milagrosas. En muchas casas, las abuelas no dudan en recomendar un vaso de Kola Román como el remedio infalible para bajar la fiebre, convirtiendo a esta gaseosa en un elemento que trasciende lo comercial para instalarse en el terreno de la tradición oral y los afectos familiares.

Hoy, la Kola Román permanece vigente no solo por su fórmula, sino porque representa un pedazo de la memoria colectiva del país. Al beberla, los colombianos no solo disfrutan de un refresco; están probando una parte de la historia que sobrevivió a los cambios de gobierno, a la modernidad y al paso de los siglos, consolidándose como un ícono que, como la misma historia nacional, sigue dejando un sabor inolvidable en el paladar.

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