Por William Olaya Sarmiento, defensor de derechos humanos y líder social en Bosa.
En tiempos donde la mentira se disfraza de estrategia y el silencio cómplice se aplaude como diplomacia, tres palabras parecen reliquias: Verdad, Honor y Lealtad. Pero no son piezas de museo, son trincheras éticas que nos sostienen como comunidad y que hoy están en riesgo de extinción.
En Bosa lo vemos claro: líderes que alguna vez caminaron hombro a hombro con su gente ahora venden sus luchas por unas cuantas monedas, por un contrato miserable o por la comodidad de un aplauso fácil. Esa traición duele. Duele ver cómo se entrega la dignidad de un barrio, cómo se cambian años de esfuerzo por el privilegio momentáneo de estar cerca del poder.
La administración propone, y los débiles disponen. Ofrecen prebendas, cargos, licitaciones y viajes, y hay quienes corren a levantar la mano sin importarles pisotear la voz de quienes alguna vez defendieron. Así enterramos nuestros valores y alimentamos un deterioro moral que nos ahoga.
Ser líder social no es arrodillarse, no es callar para conservar un puesto o garantizar una pauta. Es alzar la voz aunque incomode, es defender la verdad aunque cueste, es ser leal no a los de arriba, sino a la comunidad que confió en nosotros. Un líder sin principios no es líder: es un administrador del silencio.
Algunos llaman ingenuidad a la coherencia. Pero ingenuo es pensar que, si todos callamos, algo va a cambiar por sí solo. El honor no se mide en el número de amigos poderosos, sino en la capacidad de dormir con la conciencia tranquila. La lealtad no se jura a intereses personales, sino a la gente.
Yo elijo mantenerme firme. Prefiero perderlo todo antes que ganar traicionando. Porque el día que la Verdad, el Honor y la Lealtad desaparezcan de nuestras calles, no habrá líder que valga ni comunidad que se salve.

