Este 24 de junio, la Plaza de Bolívar, corazón político y simbólico de Bogotá, amaneció cubierta de residuos reciclables. Pero no fue un descuido ni una emergencia ambiental: fue una protesta. La Asociación Nacional de Recicladores decidió transformar los desechos en un lenguaje de denuncia, visibilizando así el abandono estatal y las duras condiciones que enfrenta su gremio.
Cartón, plástico, papel y otros materiales recogidos por miles de manos trabajadoras se convirtieron en el telón de fondo de una manifestación cargada de dignidad. Detrás de cada bolsa y de cada objeto reciclado hay historias de esfuerzo, de trabajo silencioso e invisible que sostiene una parte fundamental del sistema ambiental de la ciudad. Con esta acción simbólica, los recicladores exigieron mayor reconocimiento, mejores condiciones laborales y una verdadera inclusión en las políticas públicas de gestión de residuos. No se trató de ensuciar, sino de mostrar crudamente lo que muchos prefieren ignorar: que el reciclaje no es solo una tarea técnica, sino también una lucha social por justicia y respeto. Hoy, la Plaza no solo fue escenario de protesta, sino espejo de una realidad que Bogotá no puede seguir postergando. Porque sin recicladores no hay reciclaje, y sin justicia para ellos, no hay verdadera sostenibilidad.

