Bogotá. Durante el 19 y 20 de agosto, Casa de Todas desarrollará dos jornadas de atención territorial dirigidas a mujeres mayores de edad que realizan actividades sexuales pagadas, con el propósito de acercar servicios institucionales a zonas donde se concentra esta actividad y reducir las barreras que pueden dificultar el acceso a orientación jurídica, atención psicosocial, salud y otras rutas de protección.
La estrategia parte de una premisa que merece atención: los servicios públicos no siempre llegan con facilidad a quienes los necesitan. Factores como el desconocimiento de las rutas, los horarios laborales, el temor a ser discriminadas, las condiciones económicas o la distancia pueden convertirse en obstáculos para acceder a la institucionalidad.
Por ello, llevar la oferta directamente a los territorios puede ser una herramienta útil para cerrar brechas.
Sin embargo, el verdadero desafío no está solamente en realizar jornadas de atención, sino en garantizar que estas acciones tengan continuidad, permitan resolver necesidades concretas y se desarrollen desde una perspectiva de derechos, sin estigmatización ni prejuicios.
Dos días de atención en diferentes localidades
La primera jornada tendrá lugar el 19 de agosto en la Manzana del Cuidado de Los Mártires, en El Castillo de las Artes.
Durante la actividad, profesionales de Casa de Todas ofrecerán atención psicosocial, sociojurídica y de trabajo social. También se brindarán orientaciones relacionadas con el cuidado menstrual y el bienestar psicoemocional.
La jornada contará además con la participación de la Subred Centro Oriente de Salud, que ofrecerá pruebas para VIH, sífilis y hepatitis B, además de orientación sobre hábitos saludables y vacunación contra tétano, hepatitis B e influenza.
Al día siguiente, el 20 de agosto, la atención continuará en la Casa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres, CIOM Bosa, donde se desarrollará una jornada itinerante con servicios psicosociales, sociojurídicos y de trabajo social.
La decisión de trasladar la atención a distintos puntos de la ciudad tiene una importancia particular: permite que la institucionalidad se acerque a las comunidades en lugar de esperar exclusivamente a que las personas lleguen a una sede.
Más que una jornada de servicios
Las actividades programadas pueden parecer, a primera vista, una serie de servicios institucionales concentrados durante dos días.
Pero el alcance de la estrategia es más amplio.
La atención psicosocial puede convertirse en una puerta de entrada para mujeres que atraviesan situaciones de violencia, discriminación, dificultades familiares o afectaciones emocionales.
La orientación jurídica, por su parte, puede permitir conocer derechos y rutas institucionales frente a diferentes situaciones.
El trabajo social puede facilitar la conexión con otros programas relacionados con educación, protección social, autonomía económica o acceso a servicios.
La importancia está precisamente en la articulación.
Una mujer que llega buscando información sobre un asunto específico puede terminar accediendo a una ruta institucional mucho más amplia.
La salud como componente fundamental
Uno de los aspectos relevantes de la jornada en Los Mártires es la inclusión de servicios de salud.
Las pruebas de VIH, sífilis y hepatitis B permiten acercar servicios de prevención y diagnóstico a una población que puede enfrentar diferentes barreras para acceder al sistema sanitario.
Pero sería equivocado reducir la salud de estas mujeres exclusivamente a las infecciones de transmisión sexual.
Su bienestar incluye salud mental, salud sexual y reproductiva, vacunación, alimentación, prevención de enfermedades crónicas, atención general y acceso oportuno a los servicios.
Una política pública integral debe evitar que las mujeres que realizan actividades sexuales pagadas sean abordadas únicamente desde una perspectiva sanitaria.
Son ciudadanas con derechos integrales y necesidades diversas.
El componente psicosocial también importa
La salud mental constituye otro de los aspectos que merece especial atención.
Las condiciones laborales, la discriminación, la violencia, la presión económica y diferentes formas de exclusión pueden tener consecuencias sobre el bienestar emocional.
Por ello, ofrecer orientación psicosocial puede ayudar a identificar situaciones que requieren acompañamiento profesional.
Sin embargo, este servicio debe desarrollarse desde una perspectiva que no presuponga que todas las mujeres viven las mismas circunstancias.
Generalizar puede terminar reproduciendo estigmas.
La atención debe partir de las necesidades individuales y de la autonomía de cada mujer.
Una estrategia que busca superar barreras
Uno de los mayores obstáculos para las políticas públicas es suponer que basta con crear un servicio para que automáticamente llegue a toda la población.
En la práctica no funciona así.
Una institución puede tener una sede, profesionales y recursos disponibles, pero si las personas desconocen el servicio, no pueden desplazarse o sienten temor de acudir, la cobertura real será limitada.
Las jornadas itinerantes buscan precisamente enfrentar ese problema.
La presencia territorial permite reducir distancias físicas y simbólicas entre la ciudadanía y las instituciones.
Además, facilita que los funcionarios conozcan de primera mano las condiciones de los territorios.
19 ferias y 381 asistentes
Entre enero y julio de 2026, Casa de Todas realizó 19 ferias de servicios en Barrios Unidos, Bosa, Kennedy, Los Mártires, Santa Fe y Teusaquillo.
Según las cifras suministradas, estas actividades contaron con 381 asistentes.
El dato permite dimensionar el alcance de la estrategia, aunque también plantea un desafío.
Si se compara la cantidad de asistentes con el tamaño de una ciudad como Bogotá, todavía existe un amplio margen para aumentar la cobertura.
Por eso, el éxito de estas jornadas no debería medirse únicamente por el número de eventos realizados.
También sería importante conocer cuántas mujeres accedieron posteriormente a servicios, cuántos casos fueron remitidos, qué problemáticas fueron identificadas y cuántas rutas institucionales concluyeron efectivamente.
La continuidad será determinante
Las jornadas territoriales tienen valor, pero una política pública sostenible necesita continuidad.
Una mujer puede recibir una orientación jurídica durante una feria, pero si posteriormente enfrenta dificultades para continuar el proceso, el impacto de la intervención puede ser limitado.
Lo mismo puede ocurrir con la atención en salud.
Una prueba puede detectar una condición, pero el verdadero objetivo debe ser garantizar que la persona pueda acceder al diagnóstico definitivo, tratamiento y seguimiento cuando sean necesarios.
Por eso, el reto institucional consiste en conectar la atención inicial con las rutas permanentes.
Derechos sin estigmatización
Uno de los principales desafíos de cualquier política dirigida a mujeres que realizan actividades sexuales pagadas es evitar la estigmatización.
La actividad sexual pagada suele estar rodeada de debates sociales, morales, jurídicos y económicos.
Pero las políticas públicas deben partir de una realidad básica: independientemente de las posiciones personales frente a esta actividad, las mujeres que la realizan continúan siendo titulares de derechos.
Tienen derecho a la salud, a la integridad, a la seguridad, a la justicia y a recibir atención institucional digna.
Garantizar esos derechos no significa necesariamente promover la actividad.
Significa reconocer la existencia de una población que requiere servicios públicos.
La autonomía debe estar en el centro
La intervención institucional debe respetar la capacidad de decisión de cada mujer.
Los servicios de orientación deben proporcionar información y alternativas, no imponer decisiones.
Esto resulta especialmente importante cuando se abordan temas relacionados con autonomía económica, salud, relaciones familiares o posibles procesos de cambio de actividad laboral.
El Estado puede ofrecer oportunidades.
La decisión sobre qué camino tomar corresponde a cada persona, siempre dentro del marco de sus derechos y obligaciones.
No todas enfrentan la misma realidad
Otro aspecto que debe considerarse es la diversidad dentro de esta población.
Las mujeres que realizan actividades sexuales pagadas no constituyen un grupo homogéneo.
Pueden existir diferencias significativas en edad, condiciones económicas, nacionalidad, nivel educativo, situación familiar, territorio y circunstancias que las llevaron a desarrollar esta actividad.
Algunas pueden ejercerla como una decisión económica dentro de sus circunstancias.
Otras pueden estar atravesadas por situaciones de vulnerabilidad, violencia, explotación o coerción.
Las políticas públicas deben tener capacidad para identificar esas diferencias.
Una atención uniforme puede resultar insuficiente.
La prevención frente a posibles violencias
El acercamiento territorial también puede servir para identificar señales de violencia o vulneración de derechos.
Las instituciones deben contar con rutas claras para actuar ante casos de violencia física, psicológica, sexual, económica o institucional.
La prevención es especialmente importante porque una persona que enfrenta una situación de violencia puede no saber a qué autoridad acudir o puede tener temor de hacerlo.
La confianza en los profesionales que prestan la atención resulta, por ello, fundamental.
Un enfoque que debe trascender la salud sexual
La participación de la Subred Centro Oriente en la jornada es relevante, pero la respuesta institucional debe ir más allá de las pruebas diagnósticas.
La salud sexual es solamente una dimensión.
También es necesario facilitar el acceso a programas de salud mental, educación, empleo, emprendimiento, protección social y atención frente a violencias.
La articulación entre entidades puede evitar que cada institución atienda únicamente una parte del problema.
Una mujer no vive sus necesidades de manera fragmentada.
La política pública tampoco debería hacerlo.
Bosa también entra en la estrategia
La jornada del 20 de agosto en Bosa demuestra la intención de ampliar la presencia territorial.
Bosa es una localidad extensa, con una población diversa y diferentes necesidades sociales.
La presencia de Casa de Todas en la CIOM puede facilitar que mujeres que realizan actividades sexuales pagadas conozcan los servicios disponibles y puedan establecer contacto con profesionales especializados.
La descentralización resulta especialmente importante para evitar que toda la atención se concentre en sectores específicos de la ciudad.
La pregunta sobre los resultados
El balance de la estrategia deberá ir más allá de las estadísticas de asistencia.
Será importante determinar si las mujeres encuentran soluciones concretas.
¿Cuántas acceden efectivamente a servicios de salud?
¿Cuántas reciben acompañamiento jurídico?
¿Cuántas son remitidas a programas de autonomía económica?
¿Cuántas logran superar situaciones de violencia?
¿Cuántas regresan para continuar sus procesos?
Estas preguntas permiten pasar de una política basada en actividades a una política basada en resultados.
La institucionalidad también debe escuchar
Una estrategia territorial no debería limitarse a llevar servicios.
También debe escuchar.
Las mujeres que realizan actividades sexuales pagadas pueden identificar obstáculos que no aparecen en los informes administrativos.
Pueden señalar problemas de seguridad, dificultades de acceso a la salud, barreras burocráticas o necesidades que las instituciones no habían contemplado.
Escuchar esas experiencias puede mejorar el diseño de futuras intervenciones.
El desafío de construir confianza
La relación entre determinadas poblaciones y las instituciones puede estar marcada por desconfianza.
Por eso, la presencia institucional debe ser respetuosa y consistente.
No basta con realizar una feria y desaparecer.
La confianza se construye cuando una persona comprueba que la información recibida es cierta, que los funcionarios respetan su privacidad y que las rutas ofrecidas realmente funcionan.
La confidencialidad también es fundamental.
Las mujeres deben tener claridad sobre cómo se manejará la información que entreguen y cuáles son los límites de cada servicio.
Una política que merece evaluación permanente
El trabajo de Casa de Todas representa una estrategia que busca acercar la institucionalidad a una población que puede enfrentar múltiples barreras.
Las jornadas del 19 y 20 de agosto ofrecen servicios importantes y pueden convertirse en oportunidades concretas de prevención y acceso a derechos.
Pero la evaluación debe ser permanente.
El número de jornadas, asistentes y servicios prestados es relevante, pero no suficiente.
El verdadero impacto se conocerá cuando pueda establecerse si las mujeres lograron acceder de manera efectiva a atención, protección, justicia, salud y oportunidades.
El reto de pasar de la oferta a la garantía efectiva
Bogotá tiene el desafío de construir políticas públicas que no solamente anuncien servicios, sino que garanticen que estos sean accesibles.
En el caso de las mujeres que realizan actividades sexuales pagadas, esto implica combatir barreras físicas, económicas, institucionales y sociales.
También exige evitar los prejuicios.
Una política seria debe reconocer las distintas circunstancias que rodean a cada mujer y ofrecer respuestas diferenciadas cuando sea necesario.
La atención territorial puede ser un mecanismo efectivo para lograrlo, siempre que esté acompañada de seguimiento.
Un paso necesario, pero no suficiente
Las jornadas de Casa de Todas representan un esfuerzo por acercar servicios a las comunidades y facilitar el ejercicio de derechos.
La atención jurídica, psicosocial, social y sanitaria puede tener un impacto significativo cuando está articulada y tiene continuidad.
Pero el desafío estructural permanece.
Bogotá necesita políticas capaces de atender las vulnerabilidades, garantizar la seguridad, ampliar las oportunidades económicas y educativas y prevenir cualquier forma de explotación o violencia.
Las ferias y jornadas pueden abrir puertas.
La responsabilidad institucional consiste en asegurarse de que esas puertas permanezcan abiertas.
Al final, una política pública se mide menos por la cantidad de servicios que anuncia que por la capacidad de una persona para acceder efectivamente a ellos, recibir un trato digno y encontrar una respuesta cuando más la necesita

