La Media Maratón de Bogotá volvió a convertirse en una de las grandes fiestas deportivas del país. Miles de corredores nacionales e internacionales recorrieron las principales vías de la capital en una jornada que, como cada año, promovió el deporte, la actividad física y el turismo. Sin embargo, al finalizar la competencia, otra imagen comenzó a ocupar el protagonismo: calles cubiertas de vasos desechables, botellas plásticas, envolturas y otros residuos que contrastaban con el espíritu saludable que caracteriza este tipo de eventos.
Mientras los atletas cruzaban la meta y celebraban sus logros personales, cientos de trabajadores del servicio de aseo iniciaban una carrera diferente: recoger toneladas de basura para devolverle a la ciudad una apariencia de normalidad. Su labor, pocas veces reconocida con la misma visibilidad que reciben los deportistas, terminó siendo indispensable para que Bogotá recuperara en pocas horas el orden en las vías utilizadas durante la competencia.
Las imágenes de residuos acumulados en distintos puntos del recorrido no tardaron en generar reacciones y reabrir un debate recurrente: ¿hasta qué punto un evento masivo puede considerarse exitoso si deja una huella ambiental tan evidente?
Una celebración que también deja impactos
La Media Maratón de Bogotá se ha consolidado como uno de los eventos atléticos más importantes de América Latina. Su impacto económico beneficia sectores como la hotelería, el comercio, la gastronomía y el transporte, además de incentivar hábitos de vida saludables entre miles de ciudadanos.
No obstante, la magnitud de la convocatoria implica también importantes desafíos logísticos y ambientales.
Durante varias horas, los corredores reciben hidratación mediante vasos y recipientes de un solo uso que, en muchos casos, terminan arrojados sobre la vía para facilitar el ritmo de la competencia. Aunque esta práctica es habitual en carreras de larga distancia alrededor del mundo, la cantidad de residuos que permanece sobre el recorrido plantea interrogantes sobre la manera en que estos eventos pueden reducir su impacto ambiental.
¿Quién responde por la basura?
Cuando finaliza una competencia de estas dimensiones, la atención suele centrarse en los ganadores, los récords deportivos y la participación ciudadana. Sin embargo, pocas veces se habla del trabajo que realizan los operarios de aseo.
Desde primeras horas, cuadrillas completas recorren los kilómetros utilizados por la carrera recogiendo vasos, botellas, empaques, bolsas y demás residuos que quedaron dispersos sobre el pavimento, separadores y andenes.
Gracias a esa labor, la ciudad logra recuperar rápidamente la movilidad y la limpieza en sectores por donde transitaron miles de personas.
Paradójicamente, quienes realizan esta tarea rara vez ocupan los titulares, pese a que su trabajo resulta esencial para minimizar el impacto del evento sobre el espacio público.
Cultura ciudadana: una responsabilidad compartida
Las imágenes de basura acumulada no pueden atribuirse exclusivamente a un solo actor.
La organización del evento tiene la responsabilidad de diseñar estrategias eficientes para la recolección de residuos y promover prácticas ambientalmente responsables. Los patrocinadores, especialmente aquellos que distribuyen bebidas y alimentos, también tienen un papel importante en la reducción del uso de materiales desechables y en la implementación de alternativas más sostenibles.
Pero la responsabilidad no termina allí.
Los propios participantes también forman parte de la ecuación. Si bien en competencias atléticas existe una dinámica que favorece desechar recipientes durante el recorrido, cada corredor puede contribuir a minimizar el impacto depositando los residuos en las zonas destinadas para ello cuando las condiciones lo permitan o siguiendo las recomendaciones establecidas por la organización.
La cultura ciudadana no depende únicamente de campañas institucionales; también se refleja en las decisiones individuales que miles de personas toman durante un evento masivo.
El desafío de reducir los plásticos de un solo uso
Uno de los aspectos que más inquieta a ambientalistas y expertos en sostenibilidad es la enorme cantidad de envases de un solo uso empleados durante competencias deportivas.
Aunque cumplen una función logística importante al facilitar la hidratación de los corredores, su utilización masiva genera un impacto ambiental considerable.
En diferentes ciudades del mundo ya se han comenzado a implementar alternativas como vasos reutilizables, estaciones de hidratación con sistemas de recarga, materiales biodegradables y estrategias de separación inmediata de residuos.
Estas iniciativas no eliminan completamente la generación de basura, pero sí contribuyen a disminuir significativamente la cantidad de desechos enviados a rellenos sanitarios.
El ejemplo que dejan los eventos masivos
Los grandes eventos deportivos no solo promueven el ejercicio físico; también tienen la capacidad de influir en los comportamientos ciudadanos.
Cada edición representa una oportunidad para transmitir mensajes relacionados con el cuidado del espacio público, el reciclaje, la economía circular y la sostenibilidad.
Cuando estas acciones no logran consolidarse, las imágenes posteriores al evento pueden enviar un mensaje contradictorio frente a los valores de convivencia y respeto por la ciudad.
La pregunta que surge entonces es si resulta suficiente limpiar después de la carrera o si el verdadero objetivo debería ser evitar que semejante cantidad de residuos llegue al suelo.
Los héroes silenciosos de la jornada
Mientras miles de fotografías celebraban la llegada de los corredores a la meta, otro grupo trabajaba lejos de los reflectores.
Los funcionarios y operarios del servicio de aseo recorrieron cada tramo de la competencia retirando toneladas de residuos para devolverle a Bogotá una imagen organizada en pocas horas.
Su labor suele pasar desapercibida, aunque constituye una pieza fundamental para el funcionamiento de cualquier ciudad que alberga eventos multitudinarios.
Reconocer ese trabajo también implica reflexionar sobre la necesidad de no normalizar escenas donde la limpieza depende exclusivamente del esfuerzo de quienes deben recoger lo que otros dejan atrás.
Más que una carrera, una oportunidad para aprender
La Media Maratón de Bogotá continúa siendo un referente deportivo para Colombia y la región, pero también deja enseñanzas que van más allá del cronómetro.
El éxito de un evento de esta magnitud no debería medirse únicamente por el número de inscritos, la calidad de los atletas o el impacto económico generado. También debería evaluarse por su capacidad para promover una cultura ciudadana responsable, reducir su huella ambiental y demostrar que el deporte puede convivir con el respeto por el espacio público.
La próxima edición representa una oportunidad para que organizadores, patrocinadores, autoridades y corredores asuman compromisos más ambiciosos en materia de sostenibilidad. Porque una ciudad que celebra el deporte también merece que sus calles sean tratadas con el mismo respeto con el que se aplaude a quienes cruzan la meta.

