Bogotá D.C. — ¿Qué conecta a los vehículos eléctricos que empiezan a rodar por nuestras calles, las gigantescas turbinas de energía eólica y la pantalla de su teléfono móvil? La respuesta es un grupo de minerales estratégicos conocidos como «tierras raras». Aunque son vitales para la modernidad y la transición energética global, Colombia guarda un potencial significativo que, hasta hoy, permanece prácticamente inexplorado.
Un mapa con potencial desperdiciado Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Nacional ha arrojado luces sobre la presencia de estos elementos en el territorio nacional. Los hallazgos señalan indicios prometedores en departamentos como Antioquia, Cundinamarca, Boyacá, Caldas y Vichada. A esta lista se suman las vastas y prometedoras zonas del Escudo Guayanés y la Sierra Nevada de Santa Marta, territorios que, por sus condiciones geológicas, podrían albergar reservas de gran valor comercial y estratégico.
A pesar de estas señales, el país se encuentra en una encrucijada. Mientras el mundo corre hacia la descarbonización, la falta de proyectos de exploración serios y sistemáticos deja a Colombia como un espectador en un mercado que crece a pasos agigantados.
La competencia global La situación es apremiante si se observa el contexto internacional. Actualmente, China mantiene un dominio férreo con el 80 % de la producción mundial. Por otro lado, naciones europeas han reportado recientemente hallazgos significativos, y países vecinos como Chile y Perú han logrado capitalizar el interés de inversionistas internacionales que buscan diversificar sus fuentes de suministro.
Para los expertos de la Universidad Nacional, la ausencia de una política pública clara y de inversión en geología de detalle es lo que impide que Colombia pase de ser un país con «señales de minerales» a convertirse en un actor competitivo en la cadena de suministro de alta tecnología.
Un llamado a la estrategia nacional El debate sobre si Colombia debe o no explorar estos recursos es urgente. Las tierras raras no son solo minerales; son la base de la soberanía tecnológica del futuro. Si el país desea diversificar su matriz exportadora y jugar un rol relevante en la transición energética, la academia y el Gobierno tienen el reto de convertir estos indicios geológicos en proyectos sostenibles, responsables y, sobre todo, productivos.
La pregunta que queda planteada para el sector minero y la agenda gubernamental no es si existen estos recursos —la ciencia ya lo ha confirmado—, sino cuándo se dará el paso necesario para dejar de ser un país con potencial y convertirse en un jugador clave en la industria tecnológica global.

