Bogotá D.C. — En una muestra desalentadora de falta de cultura ciudadana, los esfuerzos realizados por la administración local de Bosa y la empresa LIME para recuperar el espacio público han sido ignorados. Hace apenas una semana, la calle 59 sur fue objeto de una jornada intensiva de recolección de escombros y limpieza, pero hoy, el panorama es nuevamente desolador: el sector vuelve a lucir como un botadero a cielo abierto.
El ciclo de la desidia La comunidad, que había aplaudido el operativo de limpieza, hoy expresa su frustración ante la rapidez con la que el sitio fue intervenido de forma negativa. Lo que debería ser un corredor transitable y limpio, ha sido objeto de la disposición ilegal de residuos de construcción y basuras, un acto que no solo afecta la movilidad, sino que degrada la calidad de vida de quienes habitan el entorno.
Para los líderes vecinales, este caso es el reflejo de un problema estructural de fondo: la falta de sentido de pertenencia. «No es solo un tema de falta de servicios de recolección, es un tema de amor por nuestra localidad. Es incomprensible que la gente no valore el entorno que habita», señalaron habitantes del sector.
Un llamado a la corresponsabilidad La administración local ha reiterado en múltiples ocasiones que la limpieza de la localidad es un trabajo de doble vía: por un lado, la obligación de las entidades de garantizar el servicio y, por el otro, el deber ciudadano de respetar el espacio público. Sin embargo, la reincidencia en la calle 59 sur demuestra que, sin una verdadera apropiación territorial por parte de la comunidad, las intervenciones de limpieza son medidas paliativas que pierden efecto en pocos días.
El respeto por el entorno es el primer paso para construir una Bosa más habitable. Mientras los escombros sigan apareciendo donde hace días había una acera limpia, el mensaje que se envía es el de una comunidad fracturada, donde el poco respeto por el vecino y por el bien común parece prevalecer sobre el deseo de progreso.
Las autoridades hacen un llamado a los residentes para que denuncien a quienes, de manera inescrupulosa, utilizan las vías públicas como botaderos. La pregunta que queda en el aire para los habitantes de la calle 59 sur es cuánto tiempo más permitirán que el deterioro supere el sentido de orgullo por su territorio.

