Una vez más, el equipo técnico tuvo que intervenir uno de los puentes más transitados del sur de la ciudad: el ubicado en la avenida Villavicencio con Autopista Sur. Y no fue por desgaste natural o por el paso del tiempo. La causa fue otra, más preocupante: el vandalismo.
Elementos estructurales y funcionales del puente fueron hurtados o destruidos por personas inescrupulosas. Cada vez que esto ocurre, se genera un riesgo directo para miles de ciudadanos que transitan por allí a diario. No es solo una afectación a la infraestructura, es una amenaza para la seguridad de todos. Y aunque los equipos de mantenimiento actúan con rapidez, y los arreglos necesarios se realizan con compromiso, la pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo tendremos que reparar lo que otros destruyen? Cuidar los puentes, las ciclorrutas, las estaciones, los paraderos, es tarea de todos. No se trata solo de una responsabilidad institucional, sino de un compromiso colectivo. El espacio público es una extensión de nuestro hogar, y cuando lo destruimos, nos destruimos un poco también como sociedad. Los puentes no deberían caerse por falta de conciencia. Si queremos una ciudad segura, funcional y digna, es momento de dejar de mirar para otro lado. Porque mientras unos construyen, otros no pueden seguir dañando.

