Vías en Bosa: entre el abandono, el barro y la paciencia de sus habitantes.

En pleno siglo XXI y en una de las ciudades más importantes del país, los habitantes de Bosa, al sur occidente de Bogotá, siguen enfrentando una situación que resulta incomprensible para una capital: las calles que conducen a varios sectores de esta localidad parecen más caminos de herradura o pistas de ‘camper cross’ que vías urbanas de una metrópoli.

Huecos profundos, ausencia total de pavimento, polvo en verano y lodo en temporada de lluvias son el paisaje diario para miles de ciudadanos que, con resignación pero también con creciente molestia, deben sortear estos obstáculos para llegar a sus hogares, al trabajo, al colegio o a cualquier diligencia básica. No es exageración. En muchos puntos de la localidad, las vías son intransitables para vehículos particulares, peligrosas para motociclistas y agotadoras para peatones.

Calles que parecen olvidadas

Sectores como El Porvenir, Bosa Laureles, Bosa San José, La Estación, Villa Emma, Brasilia y La Libertad, por mencionar algunos, sufren desde hace años el deterioro progresivo de sus vías. Las pocas calles que alguna vez tuvieron asfalto están hoy llenas de cráteres. Otras, sencillamente, nunca fueron pavimentadas, y siguen siendo trochas polvorientas o lodazales cada vez que cae un aguacero.

El tránsito por estas zonas se vuelve una odisea para conductores de buses escolares, ambulancias, recolectores de basura y, por supuesto, para los mismos habitantes. Las suspensiones de los carros se dañan, los zapatos se entierran en el barro y los vecinos viven entre la frustración y la indignación.

Promesas que no se concretan

Aunque se han realizado algunos anuncios institucionales sobre la intervención de la malla vial en Bosa, la realidad en el terreno muestra otra cara. Las obras no llegan, los cronogramas se aplazan y la sensación de abandono se multiplica. Para muchos residentes, lo que predomina es el sentimiento de ser ciudadanos de segunda categoría en una ciudad que sí invierte miles de millones en vías de otras zonas más visibles o céntricas.

No se trata solo de comodidad, sino de derechos fundamentales: la movilidad digna es parte del acceso a la salud, la educación, el trabajo y la seguridad. Hay adultos mayores que deben caminar largas distancias en medio del barro; niños que no pueden llegar secos al colegio; y familias enteras que ven sus negocios afectados por la imposibilidad de movilizarse adecuadamente.

Pistas de “camper cross” en pleno barrio

En tono irónico, algunos vecinos se refieren a sus calles como pistas de “camper cross”, por el tipo de maniobras que deben hacer los vehículos para esquivar huecos, zanjas, escombros o charcos profundos. Esta comparación, aunque graciosa, refleja una situación alarmante. Lo que debería ser un trayecto cotidiano se convierte en una prueba de resistencia para las personas y una amenaza constante para la integridad de sus vehículos.

Por otro lado, los comerciantes se quejan de las bajas ventas y los conductores de servicios públicos muchas veces evitan ingresar a ciertos sectores, dejando a los ciudadanos a varias cuadras de sus destinos. La falta de intervención oportuna ha generado una especie de normalización del abandono, y eso es quizá lo más grave.

¿Y las soluciones?

La comunidad de Bosa exige respuestas concretas. No más estudios, no más diagnósticos, no más anuncios sin ejecución. Lo que se necesita es inversión real, maquinaria en las calles, pavimento, señalización, y una planificación que priorice a las zonas históricamente marginadas. La reparación de la malla vial no puede ser un lujo, sino una obligación del gobierno local y distrital.

Además, los vecinos hacen un llamado a que las soluciones sean duraderas. No quieren más “pañitos de agua tibia” con capas de asfalto mal hechas que se dañan con la primera lluvia. Bosa merece obras de calidad, supervisadas, con participación comunitaria y criterios técnicos que garanticen su sostenibilidad.

Una deuda histórica con el sur

Este panorama no es nuevo. Desde hace décadas, el sur de Bogotá ha sido testigo de la desigualdad en inversión en infraestructura vial. Mientras en otras zonas se hacen pasos elevados, avenidas de seis carriles y ciclovías iluminadas, en Bosa todavía hay barrios enteros esperando que la retroexcavadora y la mezcladora lleguen por primera vez.

Pero la comunidad sigue alzando la voz. Las juntas de acción comunal, colectivos ciudadanos y vecinos organizados han hecho veeduría, radicado derechos de petición, participado en presupuestos participativos y exigido soluciones en cabildos abiertos. La presión popular crece y la paciencia se agota.


Desde Ambientarte Radio nos unimos al clamor de las comunidades de Bosa: no se puede hablar de una Bogotá moderna mientras miles de personas tienen que vivir entre el barro y la indiferencia. Las vías no solo conectan territorios, también conectan oportunidades, bienestar y dignidad.

La transformación de Bogotá debe comenzar por sus barrios más golpeados. Y en Bosa, esa transformación empieza con el pavimento.

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