Exitoso ‘Intercambio de Saberes Vivos desde las Islas hasta las Montañas’ fortaleció la conexión académica y ambiental entre Puerto Rico y Bogotá

La ciudad de Bogotá fue escenario de un encuentro significativo entre culturas, territorios y conocimientos, gracias al exitoso desarrollo del ‘Intercambio de Saberes Vivos desde las Islas hasta las Montañas’, una iniciativa que reunió a estudiantes de maestría y doctorado de la Universidad Ana G. Méndez de Puerto Rico con comunidades y entornos naturales de la capital colombiana.

Durante varios días, los participantes vivieron una experiencia transformadora que les permitió explorar de cerca la riqueza ambiental, social y cultural de Bogotá. A través de recorridos por ecosistemas estratégicos, encuentros con líderes comunitarios y espacios de diálogo con académicos y gestores locales, los estudiantes puertorriqueños pudieron integrar su formación académica con un aprendizaje situado y profundamente humano. El intercambio no solo fortaleció vínculos entre instituciones académicas, sino que también promovió una reflexión conjunta sobre los desafíos y las oportunidades compartidas en torno a la sostenibilidad, la educación ambiental, la justicia climática y la gestión del conocimiento ancestral. Las experiencias en territorios como los Cerros Orientales, humedales urbanos y barrios en transformación urbana, dejaron una huella en los visitantes, quienes reconocieron la importancia de generar puentes entre el Caribe insular y los Andes suramericanos. Este espacio de saberes vivos se convirtió en una oportunidad para reconocer la diversidad biocultural como una riqueza común, así como para consolidar procesos pedagógicos que trascienden el aula y se conectan con los territorios. El diálogo entre las islas y las montañas demostró que la cooperación académica internacional puede ser una herramienta poderosa para el cambio, cuando se construye con respeto, apertura y compromiso con las realidades locales. Al cierre del intercambio, tanto los estudiantes como los anfitriones celebraron no solo los conocimientos compartidos, sino también los lazos afectivos y colaborativos que nacieron en el proceso. Esta iniciativa se proyecta como una semilla para futuros encuentros y trabajos conjuntos que sigan fortaleciendo el tejido entre la academia, la naturaleza y las comunidades.