Cristina Plazas Michelsen
¿Cómo no enloquecerse en tiempos de Petro?
Un periodista amigo me dijo algo que no se me borra: “Nos estamos enloqueciendo. No terminamos de entender una crisis, cuando ya empieza la siguiente. No terminamos de entender una corrupción, cuando arranca otra. Entonces el país no está entendiendo nada. En cambio, nos estamos enloqueciendo.”
Y sí. No sé si el país está colapsando o si es uno el que ya no tiene sistema nervioso central para procesarlo.
No hemos terminado de entender qué pasó con el hijo del presidente, cuando ya se atraviesa otro escándalo. No alcanzamos a procesar la crisis de la salud, cuando nos cae encima un consejo de ministros transmitido en todos los canales nacionales, justo a la hora del noticiero, como si la intención fuera quebrar a los medios por agotamiento. No terminamos de entender uno, y ya estamos sumergidos en el siguiente.
No hemos terminado de entender por qué la gente no consigue sus medicamentos, cuando ya estamos viendo cómo se suspenden tratamientos en todo el país. No alcanzamos a exigir una solución, cuando aparece otra emergencia: el gas sube, las empresas recortan, la DIAN recauda menos y el desempleo sigue ahí, disfrazado de informalidad. No terminamos de comprender una crisis, cuando ya estamos atrapados en otra, y otra, y otra más. Así, sin pausa. Así, sin respuestas.
Y acá es donde entra el dilema: ¿cómo seguir siendo ciudadanos conscientes sin terminar convertidos en seres alterados, desconectados, o simplemente cínicos? Porque uno podría apagar el celular, no ver noticias, fingir demencia. Pero eso también es dejar de estar.
¿Y entonces?
Tal vez la respuesta esté en aceptar que estamos ante un terremoto emocional sostenido. Uno que no es culpa del algoritmo, ni del azar. Es un estilo de gobierno que genera ruido, desborde, caos, incertidumbre. Una estrategia comunicacional donde la saturación es parte del guion. Si todo es crisis, nada se analiza. Si todo es urgente, nada se resuelve. Y mientras tanto, las emociones de la gente se desgastan, se polarizan, se apagan.
Por eso hay que ponerle nombre a lo que sentimos: fatiga, rabia, ansiedad, desesperanza. No es debilidad. Es el síntoma de un país donde vivir informado se volvió una fuente de estrés crónico.
Así que no se trata de apagar la luz, sino de bajarle el volumen al ruido.
Poner límites: no todo hay que verlo en vivo. No todo hay que opinarlo ya. No todo lo que diga el presidente merece respuesta.
Cuidar el cuerpo: dormir, comer, salir a caminar, desconectar un rato.
Cuidar la mente: hablar con otros, escribir, ir a terapia si se puede.
Cuidar el espíritu: humor, música, silencio. Y, sobre todo, comunidad.
Estar juntos. Porque solos, es más fácil enloquecer.
Y políticamente, votar por quien entienda que la salud mental no es un tema “blando”. Porque como vamos, vamos a terminar todos locos. Y no por el pueblo. Por el guion que este gobierno escribe cada día como si fuera una telenovela sin final.
Yo voy a votar por el que entienda que una nación no solo necesita reformas. También necesita respirar.


Cristina, tus palabras me resonaron profundamente. Lo que describes en tu artículo sobre cómo vivimos en un constante estado de crisis, sin poder entender completamente una antes de que otra surja, es algo que siento con intensidad. A veces parece que, como sociedad, no logramos procesar nada, que las noticias y los escándalos se suceden uno tras otro tan rápido que nuestra mente no tiene tiempo de encontrar un respiro.
Me impactó cómo capturas ese sentimiento de agotamiento emocional al estar siempre bombardeados por problemas, desde la salud hasta la economía, pasando por los escándalos políticos. En lugar de poder analizar y actuar con calma, estamos atrapados en un ciclo constante de urgencia y caos, lo cual genera una desconexión, ansiedad y una sensación de impotencia que se va acumulando día a día.
Tu reflexión sobre cómo la saturación mediática y la estrategia comunicacional del gobierno alimentan este estado de caos, sin dar espacio a la reflexión profunda, me hizo pensar en cómo, a veces, no podemos ni siquiera procesar las situaciones antes de que aparezca la siguiente crisis. Me hizo pensar en lo difícil que se ha vuelto encontrar un momento para respirar, para ser consciente de lo que estamos viviendo, sin estar continuamente a la defensiva frente a lo nuevo que llega a interrumpir nuestra paz mental.
Lo que mencionas sobre cuidar nuestra salud mental, establecer límites y buscar momentos para desconectar es algo que realmente me hizo detenerme. Vivir informado ya no debería ser una fuente de estrés crónico, sino una forma de empoderarnos y actuar desde la calma. Tus palabras, que proponen no solo votar por quien impulse reformas políticas, sino también por quien entienda que una nación necesita «respirar», son tan acertadas. En medio de todo este ruido, necesitamos espacio para la reflexión, para el cuidado personal y colectivo.
Gracias por tocar un tema tan crucial con tanta claridad. Me has dado una perspectiva más amplia sobre cómo navegar este caos, cómo buscar equilibrio, y sobre todo, cómo no perder la esperanza en medio de la tormenta. Sin duda, es una reflexión necesaria para todos en estos tiempos tan inciertos.
Cristina, tus palabras me resonaron profundamente. Lo que describes en tu artículo sobre cómo vivimos en un constante estado de crisis, sin poder entender completamente una antes de que otra surja, es algo que siento con intensidad. A veces parece que, como sociedad, no logramos procesar nada, que las noticias y los escándalos se suceden uno tras otro tan rápido que nuestra mente no tiene tiempo de encontrar un respiro.
Me impactó cómo capturas ese sentimiento de agotamiento emocional al estar siempre bombardeados por problemas, desde la salud hasta la economía, pasando por los escándalos políticos. En lugar de poder analizar y actuar con calma, estamos atrapados en un ciclo constante de urgencia y caos, lo cual genera una desconexión, ansiedad y una sensación de impotencia que se va acumulando día a día.
Tu reflexión sobre cómo la saturación mediática y la estrategia comunicacional del gobierno alimentan este estado de caos, sin dar espacio a la reflexión profunda, me hizo pensar en cómo, a veces, no podemos ni siquiera procesar las situaciones antes de que aparezca la siguiente crisis. Me hizo pensar en lo difícil que se ha vuelto encontrar un momento para respirar, para ser consciente de lo que estamos viviendo, sin estar continuamente a la defensiva frente a lo nuevo que llega a interrumpir nuestra paz mental.
Lo que mencionas sobre cuidar nuestra salud mental, establecer límites y buscar momentos para desconectar es algo que realmente me hizo detenerme. Vivir informado ya no debería ser una fuente de estrés crónico, sino una forma de empoderarnos y actuar desde la calma. Tus palabras, que proponen no solo votar por quien impulse reformas políticas, sino también por quien entienda que una nación necesita «respirar», son tan acertadas. En medio de todo este ruido, necesitamos espacio para la reflexión, para el cuidado personal y colectivo.
Gracias por tocar un tema tan crucial con tanta claridad. Me has dado una perspectiva más amplia sobre cómo navegar este caos, cómo buscar equilibrio, y sobre todo, cómo no perder la esperanza en medio de la tormenta. Sin duda, es una reflexión necesaria para todos en estos tiempos tan inciertos.
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