En el marco de la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles en Santa Marta, el movimiento sindical colombiano ha lanzado una advertencia contundente: la transición hacia energías limpias es una realidad, pero está dejando atrás la estabilidad laboral de miles de familias.
Una transición que ya se siente en los territorios
Para los trabajadores de sectores estratégicos en regiones como La Guajira, Cesar y Boyacá, el cambio de modelo no es una meta lejana, sino un impacto presente. Aunque el carbón se consolidó en la última década como el mineral de mayor valor en las exportaciones de Colombia —alcanzando ingresos cercanos a los 6.000 millones de dólares en 2024 según la DIAN—, la descarbonización proyectada genera una sombra de incertidumbre.
Líderes de los sectores minero, energético y eléctrico sostienen que la transición no puede evaluarse solo por la capacidad instalada de paneles solares o parques eólicos, sino por su capacidad para diversificar las economías locales y garantizar el derecho al trabajo digno.
El fantasma del desempleo: El caso de Boyacá
La urgencia de una transición justa se refleja en cifras alarmantes. Según proyecciones de Transforma (2025), para el año 2035, solo el departamento de Boyacá podría enfrentar la pérdida acumulada de aproximadamente 24.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos, debido al declive de la actividad carbonífera.
“No nos oponemos a la transición energética. Pero no puede hacerse a costa de los trabajadores ni de los territorios que han sostenido este país”, afirma Igor Díaz, del Centro de Investigación e Innovación desde los Trabajadores (CIPAME).
El reto de la reconversión laboral
Uno de los puntos críticos del debate es la reconversión laboral. Aunque se proyecta la creación de nuevos empleos en el sector de las energías renovables, en la práctica el proceso es lento. Los trabajadores denuncian una brecha entre la velocidad con la que se cierran proyectos fósiles y la rapidez con la que se generan alternativas reales y estables para quienes hoy dependen del petróleo, el gas y el carbón.
Para que Colombia logre una transición exitosa, el diálogo entre el Gobierno, las empresas y las organizaciones sindicales debe priorizar la protección de los ingresos y la creación de un piso social sólido que impida que la crisis climática se convierta en una crisis de pobreza regional.


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